Me cito textualmente: «Soy una soñadora y una ilusionista que disfruta con las palabras, que alimentan mi alma e iluminan mi camino hacia un destino que desconozco». Mis intereses son diversos, pero es la literatura mi nueva pasión.

Hace algún tiempo leí algo sobre los nombres y su influencia sobre las gentes que los llevaban y sobre su destino. Lo cierto es que es curioso el origen de los nombres. Pregúntale a unos y otros y las razones de por qué llevan esos nombres son tan variadas como familias, padres o madres, abuelos, el santoral y los cumpleaños, creencias, política, gustos personales, modas. He conocido a muchas personas, de las cuales una parte su nombre no tenía un significado explícito ni claro, al menos para mí, y muchas veces les preguntaba de dónde venía su nombre o qué significaba. Aborigen canario, me decía alguno de ellos, aunque muchos no sabían su significado real; otros llevan nombres de reyes y príncipes genéricamente, de cualidades, algunas pasivas y otras muy activas, como mi nombre real. También de astros, mitos o leyendas, religión e incluso la invención entra en juego a veces.            Hace unos años se puso muy de moda poner a sus hijos nombres aborígenes canarios, pero aún los nombres clásicos siguen estando muy presentes. Pero hay otra cuestión: ¿muchos se habrán planteado el hecho de cambiar de nombre o bien son conocidos por apodos entre amigos y vecinos? Muchos padres llegan incluso a comprar un libro de nombres para poder elegir entre muchos, dado que es algo trascendental que lo marcará de por vida, otros los eligen entre varios opcionales y hasta el momento de su nacimiento no saben cuál de ellos será el que lleve de por vida su criatura y algunos nunca estarán contentos con tan desafortunada elección. En las culturas primitivas la elección de un nombre para un guerrero tras pasar la etapa infantil era un hecho muy relevante y determinaba su vida radicalmente. Algunos podían llegar a ser rebautizados con un nombre de adulto tras pasar la adolescencia. Desconozco si la siguiente costumbre existía desde que el hombre es hombre,  pero la extendida costumbre de poner nombretes es muy fea pero muy popular, especialmente cuando creen ofenderte con ellos. Otra cuestión es la del nombre artístico, que muchos se cambian para tener más gancho comercial, para conservar el anonimato. Mi nombre María de la Isla es poco usual, pero muy clásico a la vez. Lo elegí porque cuando pienso en mi mundo es como vivir en una isla y porque en ella me crié. La isla te aisla, la misma raíz del nombre lo dice claramente, la isla te enseña el mar y la tierra, pero también la isla te comunica, cosmopolita como es, con otras realidades. María es el nombre más común entre las mujeres católicas españolas, de hecho era obligatorio llevarlo delante del nombre por el que nos llama nuestra familia generalmente, que muchas veces usa también apelativos cariñosos. A todo esto se le suman los dos nombres de uso opcional dependiendo de quién lo emplee, los diminutivos del mismo y el propio gusto que hay que respetar de la persona que desee ser llamada como quiera. Los nombres son un universo de comprensión compleja en sí mismo que esta noche han despertado mi interés.

La genial obra de Leonardo da Vinci

Leonardo pintó durante años esta obra enigmática y bella a la vez.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 14 de julio de 2012.

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