Un mundo controvertido

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Un mundo controvertido

 

Un día la vida me dio un golpe tan fuerte que caí al suelo y apenas podía levantarme. Sentía que mi cuerpo no me respondía y que me seguían dando miles de patadas mientras estaba en el suelo, aprovechándose de mi flaqueza y debilidad, porque así actúan los cobardes. Solo pueden ganar cuando juegan sucio. Un día me dije que la vida era demasiado corta para hacer lo que dictaban los dogmas y lo que decían las modas y lo que te decían los demás, pues yo no era un títere de otros para vivir la vida que a ellos se les antojara. Decidí ser libre por fin, decidí vivir ignorándolos, sin escuchar sus muchas estupideces, sobre cómo debes vivir y lo poco que vales sin ellos en tu vida. A menudo, la gente cree que sabe mejor que tú cómo debes vivir tu vida, y ni siquiera respetan que tu vida te pertenece. Hoy día, esto es tan grave pues debemos tener en cuenta que la privacidad es un negocio muy codiciado y sometido al vil mercadeo y al morbo de la exposición pública.

Cuando la realidad es que ellos no te conocen mejor que tú mismo, aunque desde fuera vean cosas más claras. Sin embargo, sobre los sentimientos, deseos y sobre tus experiencias tú tienes una maestría universitaria. Solo tú te conoces mejor que nadie, solo tú sabes lo que necesitas, lo que callas, lo que luchas diariamente, lo que sufres, lo que quieres contar, lo que sabes que quieres de verdad de la vida y lo que no quieres. En ello radica la madurez de saber encontrarse a uno mismo

Llegados a un impás de la vida en el que nada importa más que tú mismo y tus referencias, tus valores y tus principios, porque no tienes nada más que tus talentos, tus habilidades, tus conocimientos y solo cuentas con tu ayuda y la de unos pocos, la vida se hace más sencilla, más clara de entender y también más dura es la escarpada para conseguir sobrevivir. En la jungla del mundo actual, si no eres competitivo, exitoso e hipócrita y popular, tu vida no vale una mierda. No eres “cool”, eres “loser people”. Hemos llegado a tal punto de sensacionalismo, que las miserias humanas venden más que la ciencia, que el conocimiento, la sabiduría y la experiencia, y las buenas personas se convierten en motivo de mofa y escarnio en vez de lo contrario, porque quién triunfa es el canalla, es el corrupto, el descarado, el avispado, el pícaro “Lazarillo de Tormes” de turno que se aprovecha de los demás, pobres víctimas y pringados una vez más por las miserias de ser pobre gente perdedora ante la arrolladora maquinaria de las mentiras y los resabidos pinochos.

Algo anda mal en esta nueva escala de valores, algo huele a rancio, a desproporcionado, y sin embargo, tiene una veladura de normalidad. Esa es la realidad, es lo normal, los demás somos unos “anormales”, por no vendernos a la especulación, al morbo de comerciar con nuestras vidas, por no querer ser famosos por nuestra vida personal ni cotidiana sino por ser valorados por nuestros talentos y profesión. Las perspectivas y el respeto se han perdido, la empatía brilla prácticamente por su ausencia, su comprensión del mundo es limitado y pobre y está cegada por los brillos de las candilejas, de la vida cómoda, de la cultura del no esfuerzo, del valor del dinero, porque ante éste todopoderoso Dios todo se vende, hasta al mejor amigo, hasta el amor de tu vida.

Y censuramos y silenciamos la verdad porque es fea, gorda e incómoda. Al igual que en el Medievo seguimos denostando y vejando a las mujeres como objetos sexuales, porque no pueden admitir en el machismo del patriarcado que haya mujeres respetables, mujeres dignas, mujeres poderosas e inteligentes que no sean un simple objeto del deseo, una cosa, un simple animal que usar y vender como un trapo sucio. Si existe violencia de género es porque desde arriba se nos vende la inutilidad de las mujeres, la poca valía de las mujeres, porque es inherente a nuestra cultura, que una mujer no puede ser hermosa y a la vez inteligente y buena profesional; que si una mujer no cede ante el chantaje machista de ser obligada a ser una puta, de consentir la superioridad masculina, no se la valora, se la menosprecia y se la trata de las peores maneras posibles. Por ser simplemente mujer.

Este mundo en el que vivimos está lleno de contradicciones y contrariedades, entre lo que debe ser y lo que es, entre lo que se nos vende y lo que consumimos, entre lo políticamente correcto y lo que realmente existe en la práctica. La realidad no es tan bonita como nos la pintan. El mundo no es tan perfecto y, sin embargo, sigo pensando que hay gente buena, que sigue habiendo gente decente, gente por la que vale la pena luchar, gente que puede salvar el mundo, si se invierte más en educación, en el talento, en la igualdad, en el respeto, en generar buenos valores éticos, para que todos podamos convivir en un mundo más justo y más democrático. ¡Es tan fácil soñar, pero tan difícil conseguir hacerlo realidad!

 

En Las Palmas de Gran Canaria, a 7 de noviembre de 2015.

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