Archivos Mensuales: junio 2015

No lo sabemos todo

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Aa.Cc., LA REBELIÓN DEL TALENTO

Sonia Blanco, es psicóloga y madre de niños de Altas Capacidades. Esta doble “profesión” le da una visión más amplia si cabe sobre lo que significa ser de altas capacidades. Pero sobre todo, de lo que NO SIGNIFICA:

Hace ya unos años que aterricé en este nuestro mundo de las altas capacidades. Podría afirmarse que mi aterrizaje llegó durante mis estudios en la facultad de psicología, pero no fue exactamente así: no hay experiencia que te cambie tanto como la maternidad.

Es frecuente escuchar que mis hijos lo tienen “más fácil”, puesto que al tener una madre psicóloga, tanto la identificación de sus altas capacidades, como intervenir en el momento en el que lo necesiten, son cuestiones que salen de manera más “natural”. He de deciros sin embargo una obviedad: no soy su psicóloga, sino su madre. De hecho me atrevería a decir que ellos mismos son los que más…

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El cálido abrazo

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Ella me miró con semblante dorado y calma, tan blanca y suave como seda natural, tan llana como la persona más humilde, tan linda como mi hermana. Esa tierra que nos acompaña en este mini continente con su salvaje naturaleza desértica, pero rica en abrazos cálidos, en gestos amables, en alegrías, en paz, en armonía. Ella, la dueña que capturó mi atención aquel día, el día que nos presentaron: Hola, encantada -me dijo, y me recibió con un abrazo y una sonrisa, la mejor de las bienvenidas.

Inexplorada aún, pese a que yo no era su primer visitante, se mostraba con serenidad en días soleados que iluminaban aún más sus arenas blancas y sus aguas aguamarinas o turquesas, como las más hermosas piedras de ese color. Territorio poblado por singulares animalillos que lo recorrían con total libertad y muchos turistas cuyas lenguas yo no entendía pero los lugareños harto conocían y acogían. Antaño, tierra de moriscos, de nómadas, de rebaños de cabras y camellos que pastoreaban entre sus pequeñas montañas de dorada tierra y dunas, las más extensas que nunca habían visto mis ojos, por largos recorridos de tramos rectos y escasamente ondulantes. Y en el camino, un vergel, regado por el artificio del hombre, con sus animales exóticos y su flora típica.

Le prometí que no sería la última vez, le aseguré que la volvería a ver algún día, que nuestros destinos volverían a cruzarse algún día, pues allí, el romance comenzó con un cálido abrazo de bienvenida.

 

En Las Palmas de Gran Canaria, a 11 de junio de 2015.

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