Negativa surrealidad

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Negativa surrealidad
Si no fuera porque me preocupa tanto el futuro no escribiría nunca estas letras. Ver cómo tu vida y la de tu país se desmorona en migajas de surrealidad entre tanta corrupción e injusticia, entre tanto individualismo y tanto egoísmo, tantas diferencias abismales entre pobres y más ricos, entre tanta ignorancia y odio, entre tantas envidias y celos, es a veces tan negativo y tóxico que asfixia a cualquiera que viva en la verdadera premura de las circunstancias más desoladoras. Comprender que estamos más cerca del mal llamado Tercer Mundo que de una sociedad democrática y avanzada, que este reino es una opereta de bromas y burlas, que somos motivo de escarnio internacional y de tristeza para millones de españoles, marginados, impotentes y desprotegidos ante la adversidad de una crisis que ya no sabemos si fue inventada para quitarnos todo el bienestar que tanta sangre y trabajo costó conseguir y que ahora nos mantiene a muchos en el limbo del paro, de la indiferencia más cruel, de la sensación de no tener salidas ni futuro, ante la diatriba de tener que emigrar para sobrevivir o mantenerte en tu patria y enfrentarte a una situación inquietante y un futuro político oscuro. Se abren pequeñas ventanas a la esperanza con la intención de conseguir algo de aire puro, no contaminado, y la incertidumbre se aloja en nuestras entrañas porque ya no se nos permite pensar libremente sino que se nos castiga por pensar, por hablar, por opinar y se nos descalifica como Quijotes porque queremos cambiar el mundo que nos asfixia; sí, somos unos locos, ante tanta aberración e inmundicia que impera a sus anchas para avergonzarnos como nación. Cuando la apatía y el hastío te hacen mella y no tienes esperanzas de conseguir un empleo, cuando hasta un buen currículum es motivo de no ser contratado, tu autoestima se ve mermada, porque en una sociedad donde el éxito se encumbra y el fracaso se castiga con el ostracismo y el ser señalado socialmente hasta dudamos de nuestras capacidades y conocimientos. No es suficiente tener miles de cursos, carreras, máster, idiomas, informática, ya nada es suficiente, pues algunos somos invisibles para el sistema, ya sea por nuestras circunstancias o bien por nuestra edad, ya no somos sino almas errantes que no tienen cabida en un mercado que no valora la experiencia sino que lo ve como un hándicap, que ve en ello un motivo para no contratar, pues quién más sabe, mejor se defiende, más pide. Ser de clase media y pobre por definición te convierte en un paria culto, con educación de sobra pero aún así insuficiente y inubicable en una sociedad donde estamos ciegos ante el conocimiento, donde las verdades son incómodas porque lo contrario es lo que se valora más, donde la honestidad está considerada un valor nulo y horroroso porque todos los engranajes están corrompidos por el óxido de la anquilosante y vieja Europa decadente que chirría ante la irrealidad de unas soluciones equivocadas y absurdas, que demuestran que no hay equidad entre esta comunidad, que no somos iguales ante la ley ni ante la humanidad, que ya no tenemos derechos fundamentales porque molestan a los que nos someten a su yugo tirano.
No es negatividad lo que necesita el mundo, es justicia, es igualdad, son valores, son buenas personas, son grandes ejemplos, es la buena profesionalidad, es cambiar de mentalidad, de perspectivas, de realidades lo que necesita un país para rejuvenecer, para avanzar, para ser grande y no una mala broma.
En Las Palmas de Gran Canaria, a 29 de octubre de 2014.

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