Tal día como hoy

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Los días ya no son tan dulces como los de ayer, eso pensaba ella. Tuvo un ayer de sonrisas, de alegrías, de amor correspondido, de esos que solo se encuentran una vez en la vida, y ahora no quería buscar nada más. Seguía recordándolo, pese a que también sufrió mucho con él. Sabía que estaba rodeada de mentirosos, de caras amables pero que querían clavarle un puñal, el de la envidia, el de la mediocridad en sus entrañas, aún así ella seguía usando su mejor arma, la indiferencia, para responder a los continuos ataques, eso le aportaba la poca paz de la que podía disfrutar al día.
Un día, como hoy, dijo que volvería a hacerlo, que volvería a escribir, que era algo que realmente se le daba muy bien, tanto como hablar, o quizás mejor. Ella disfrutaba haciéndolo, se sentía libre y feliz cuando las palabras deslizaba sobre sus manos, en dirección a la pantalla, tecleando con tanta rapidez como sus pensamientos. Y leía lo que otros escribían y dudaba de sus talentos, pues la sombra de la tristeza anidaba de nuevo en ella, la soledad más cruel, la vida volvía a ser despiadada con ella y ella se dejaba llevar por la misma indiferencia con que la trataban para no sentir nada, porque el dolor era insoportable. Era el dolor del alma, del solitario escritor olvidado o ignorado intencionalmente para que su vida fuera un continuo fracaso, porque solo veía un mundo en el que no tenía cabida ni creía, el de los que abusan de su poder con los débiles, con los pobres, el de las injusticias y ella era una de las injusticias más feas que habían visto los habitantes de este país desde hace décadas, mientras canallas cómplices callaban su pecado, que disfrazaban de falso amor cuando únicamente era el del abuso más cruel hacia una pobre mujer cuya única culpa fue ser bella e inteligente. Ya pensaba que su tumba sería igual de silenciosa, su muerte igual de absurda y su soledad inmensa pero aún el brillo de la esperanza no se había alejado de su pupila, aún seguía brillando en la oscuridad, como aquella luciérnaga solitaria.
En Las Palmas de Gran Canaria, a 16 de julio de 2014.

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