MATERNIDAD

Estándar

Es un grato sentimiento,
que me recorre cuando le miro.
Tan pequeño y tantos dolores que me dio.
Y cuando lo tuve en mi pecho,
rozando su cuerpo con el mío
una gran emoción lacrimosa me inundó.

Le he visto crecer,
le fui cuidando desde lo más tierno, lo más frágil,
hasta sobresalir unos palmos
y corretear alegre y sanamente
a mi alrededor,
agarrándose de mi mano o de mi falda
como si fuera mi satélite.

Aprendió conmigo jugando las primeras letras,
le enseñé a relacionarse,
a reír, a llorar cuando debía, sin reprimir sus emociones
y fue feliz, porque su sonrisa me iluminaba el día
y hacía que el duro devenir fuera más suave y dulce si le miraba.
Y por él luchaba, porque tenía un motivo para seguir adelante,
alguien que me necesitaba, que me amaba incondicionalmente.

Pasaron los años y le seguí de cerca,
no le quitaba ojo de encima,
siempre atenta a sus necesidades:
comida, bebida, aseo, ropa, educación.
Creí necesario darle un sentido a su vida
y le enseñé a vivir, a convivir, a luchar,
a superarse, a creer y conmigo aprendió los valores que guiaron siempre su vida.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 8 de diciembre de 2013.

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