Archivos Mensuales: septiembre 2013

Pan horneado

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Pan horneado

Amasó la madre harina y de ella formó una niña. Le dio agua y bebió y la lustró. Levadura añadió para que el pan creciera y así durante años siguió creciendo hasta la edad adulta. Era bonita y bien formada y cuando estuvo bien horneada abrió los ojos a la vida y allí vio muchas cosas bonitas y otras no tan hermosas. El mundo era sabio pero la gente no tanto y eran solo las personas las que lo afeaban a veces. Tuvo amor y también lo contrario pero la niña era buena de corazón y solo los nervios eran sus malos consejeros pues le alteraba la fealdad que veía en los negros corazones de algunas personas. A través de su ventana vio guerras y hambre y muchas injusticias y eso la hacía llorar y estar apenada, pero también vio que las personas más pobres, y más dejadas de la mano de algún dios que de existir estaba algo despistado con ellos, a veces eran las que tenían la mejor sonrisa de todas y se dijo, si ellos pueden sonreír en la adversidad yo no debería sufrir tanto por lo que veo de feo en este mundo. Y la joven fue feliz, consciente del mundo que la rodeaba, de la maldad y fealdad pero también de la belleza que la rodeaban. Porque si ella tenía un corazón hermoso y tierno no podía estar sola en el mundo. Y nunca nunca se sintió sola pues la luz anidaba en ella y en el Universo.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 25 de septiembre de 2013.
pan

Un amor fugaz

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Fue un amor fugaz
solo duró un instante.
El tiempo suficiente
para que mi retina
retuviera tu hermosa imagen.

¿Fue un sueño o una visión?
No lo dudo, eso fue un acto de amor.
Seguirte con la mirada al trasluz de aquella sábana
fue un hecho inusitado del que solo yo pude disfrutar.

Seguiste ahí
en el recuerdo,
fuiste mío en un sueño.
Fue algo pasajero y fugaz,
un momento y luego volviste a volar,
libre y hermoso con tu digna libertad.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 1 de septiembre de 2013.

Un corazón late

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Un corazón que late sin sentido,
que va de acá para allá,
un corazón errante,
que busca algo y mira más allá.

No descansa más cuando duerme
y dormido parece siempre,
¿no padece ni siente ya?,
se preguntan los pueblerinos.

Ciego anda entre tinieblas
con una linterna que se apaga a ratos.
Quiere coger algo en la penumbra de la mañana
pues al frente se divisa un tímido rayo de Sol,
sin embargo las sombras le arrebatan el gesto
llevándolo de nuevo a la caverna del dolor.
Sale buscando aire, pobre corazón,
y esconde entre sus dedos aquel fino hilo dorado,
el que un día le diera luz.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 30 de agosto de 2013.