Están con nosotros

Estándar

Esa noche calurosa ella estaba sola en su cama. De día se paseaba por la casa en pareo y camiseta de tiros y no podía dormir del calor que hacía así que se entretenía mirando por la ventana del balcón el silencioso vecindario donde casi nunca ocurría nada digno de mencionar. Nunca había sido muy crédula, aunque sí era temerosa de lo oculto y de lo que no conocía. Ni siquiera creía en nada religioso pese a las influencias familiares. Su mente analítica y científica no le permitía creer en nada que no fuera una explicación racional.
Aquella noche estaba siendo parecida a otras de aquel verano, pero lo cierto es que en los últimos tiempos le habían ocurrido cosas muy desagradables como para que ella, inocente jovencita, pudiera estar más sensible y receptiva de lo normal, dotada de siempre de una gran intuición y cierta clarividencia. Consiguió quedarse dormida, la noche era clara, y se veían las sombras mezcladas con la luz que entraban por el balcón acristalado de la habitación. En sus sueños que casi siempre recordaba se mezclaban la realidad y lo surreal con inusitado realismo, su novio le decía que podría escribir sus sueños y ganarse la vida como Stephen King, pero algunos de ellos eran sueños premonitorios y llenos de simbolismos. Esa noche despertó sobresaltada en medio de un sueño raro en el que un ejército de muñecos de madera intentaban atraparla y ella intentaba escapar, era un sueño inquietante donde aparecían compañeros y conocidos de trabajo, una lucha interna o una batalla se estaba librando dentro de ella. Al abrir repentinamente los ojos y debido a su miopía miró hacia la puerta con esa nebulosa en sus ojos y el efecto de las luces de la calle de atrás iluminando su ventana le hizo ver una imagen esperpéntica que parecía una anciana enfrente de ella y que se avalanzó sobre ella intentando entrar en su cuerpo ante lo que ella se revolvió violentamente y despertó a su hermana rápidamente que dormía al lado tranquilamente contándole lo que había pasado. Su hermana le dijo que sería una pesadilla de ella pero ella estaba segura de lo que había visto, aunque para tranquilizarse se autoconvenció de que los claroscuros de la noche y su miopía le habían jugado una mala pasada.
Días después la dulce y abierta joven contó a su tía la monja aquella historia y ella le dijo que efectivamente así eran los fantasmas, figuras étereas que parecen nubes con rostro y ropas definidas que parecen que vuelan. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo ante aquella revelación. Ella no recordaba que nadie hubiera muerto en esa casa, pensó que podría ser la abuela de los anteriores dueños pero no había sido así. Y lo cierto es que una maldición de mala suerte acompañó a la joven durante años ocurriéndole todo tipo de desdichas y desgracias. Nunca más fue capaz de dormir en aquella casa, pues cada ruido, el viento entrando por las rendijas, el crujir de los muebles, todo la hacía estar alerta y despierta en la noche que desde entonces temió más que nunca, pues entre las sombras se ocultan los secretos del Universo.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 15 de julio de 2013.
fantasmas-y-los-aromas-que-dejan- (1)

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  1. no se por qué…me suena esa historia 😀

    …y no es ficción, están ahi, con nosotros, sufriendo y arrastrando karmas de otros tiempos…

  2. Por las noches “cada ruido, el viento por las rendijas, el crujir de los muebles…” Son imagenes perfectas cuando de niño y despues de haber asistido al cine a alguna pelicula de las llamadas “de miedo”, te asaltaban en tu habitación, y creias reconocer en cada rincon los fantasmas del cine.

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