EN DEFENSA DE LA HISTORIA

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En defensa de la Historia

Por Auxiliadora Rodríguez Suárez

La historia es una ciencia social, humanística, pero también podríamos decir que es ecléctica pues tienen cabida diversas técnicas de ciencias llamadas auxiliares. Toma nota y métodos de otras ciencias y a su vez consiste en una ciencia en sí misma con su propia metodología, que no me pararé a relatar por ser un tema ampliamente estudiado y extenso. El trabajo del investigador en Historia requiere muchas veces conocimientos de arqueología, pero no al estilo de Indiana Jones, sino de los famosos Leakey si nos remontamos hace millones de años, de antropología física y cultural, incluso de paleobiología o paleobotánica para atender a especies halladas en distintos yacimientos arqueológicos como vestigios de comidas del pasado, semillas, restos de domesticación o caza, de enterramientos con animales de guerra o que sirven para la contextualización de restos que de otra manera no podrían a lo mejor ser datados. Obviamente me olvido de muchos otros aspectos, pues no es tan simple.
Pero no todo anda entre estratos, también son numerosos los documentos que podemos hallar para ayudarnos a partir del nacimiento de la escritura y para ello el historiador debe tener conocimiento de letras antiguas a través de la lengua y la paleografía; muchas de estas lenguas están muertas hoy día y otras más modernas en desuso pues el habla evoluciona, bien lo sabemos con la rápida influencia de la tecnología móvil. Muchas veces tenemos la imagen del historiador como aquél que está entre polvorientos y casi destrozados viejos documentos o libros, y en parte es una imagen acertada, aunque se ha avanzado mucho en este campo. El historiador es un profesional que atiende a la conservación y preservación de toda fuente histórica con el debido respeto y cuidado, o al menos así debería serlo.
Para todo acercamiento a la historia las fuentes son esenciales en el trabajo del historiador y entre ellas podemos distinguir notablemente desde las notariales, estadísticas, padrones, jurídicas en todas sus manifestaciones, religiosas, literarias, mapas, objetos de todo tipo, testimonios escritos y orales, restos humanos y animales o vegetales, arquitectónicos o restos materiales diversos, artísticas. No quiero olvidarme, en este resumen en defensa de la ciencia histórica, de la numerosa documentación más cercana a nuestro tiempo, que en parte está protegida por la ley por su vigencia actual. Las fuentes pueden ser directas o indirectas, primarias o secundarias, incluso historiográficas, pues podríamos analizar comparativamente con otras fuentes otras fuentes de historiadores anteriores o amplias bibliografías al uso. Son la materia prima del investigador que, avispado debe seguir el rastro cual detective a las huellas que han dejado tanto conocidos como desconocidos, pueblo llano, clases o bien ricos y pobres, personajes destacados y personajes anónimos, con diversas manifestaciones de mentalidad, cotidianeidad, sexualidad (pues entre otras cosas, podemos hacer estudios de las anteriormente olvidadas de la Historia, las mujeres), religiosidad, estatus social, situación económica, comercio, Estados y familias reales o burocracia y demás temas de interés posible, pues la Historia es una realidad viva, es una ciencia que evoluciona, que cambia, que se renueva, que se reinterpreta, que se teoriza a través de hipótesis y después se demuestra con resultado positivo o bien negativo.
La historia no solo es teoría como entienden muchos, no son solo datos y fechas que aprender de memoria, es una realidad viva, es la interpretación de nuestro pasado. Y un pueblo sabio, un pueblo culto, un pueblo informado, dadas las numerosas utilidades de la historia, es un pueblo fuerte y difícil de manipular. Un pueblo que conoce su historia es consciente de su identidad, reconoce los errores del pasado e intenta no volver a cometerlos (no me toca aquí cuestionar esto) y, sobre todo, es un pueblo conocedor de sí mismo, de su entidad social y personal, de su cultura, del paso del tiempo y su relación con el espacio, de su evolución en el tiempo y enseña a ser conscientes de que las sociedades cambian, para entender mejor su presente, el por qué de las cosas que conoce o descubrir tantas que ya no conoce y que en su día fueron importantes y para comparar y empatizar con otras culturas, pues si comprendemos quiénes somos, comprenderemos mejor quiénes son los demás, pues todo depende de dónde hayamos nacido, nos hayamos criado y de cómo veamos el mundo, no solo como personas sino también como culturas distintas.
Por último, soy consciente de que en esta defensa me olvido de múltiples cosas y aspectos, pero es la intención de defender lo que siempre he amado, en lo que he trabajado y de lo que he escuchado muchas veces hasta en las altas esferas, ¿qué es eso de que la historia no sirve para nada o de que no es una ciencia? A buen entendedor… aquí tienen unas cuantas razones bien resumidas.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 17 de abril de 2013.

CLÍO. MUSA DE LA HISTORIA

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