En defensa de la palabra

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La palabra es solemne cuando está bien dicha e infame cuando alguien te lastima con ella. Las palabras tienen tal poder que se usan para la comunicación oral y escrita e incluso visual. La palabra se regala y es un don. Su ausencia es el silencio que nos deja sordos en la soledad. Si no hablas nadie te escucha; no tienes voz que clame ante el dolor, las injusticias, o incluso, el amor.
Hay palabras divinas y otras algo exquisitas que describen todo lo que el hombre conoce con certeza y concreción, en muchos idiomas, por todo el mundo. La palabra es mentira cuando se mal usa para engañar a otros. Pero la palabra ante todo es un nombre, una persona a la que dota de individualidad, y todos te conocen por ella, y, aunque repetidas, son sentidas por los que te quieren cuando con ella te llaman con el corazón y así te distinguen del otro, de los otros yo.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 9 de febrero de 2013.

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  1. Auxi, me gusta este micro-relato y me has hecho recordar aquel versículo de Proverbios 15:4 “La lengua amable es un árbol de ida; la lengua perversa hace daño al espíritu”. Huyamos de la palabra infame que, como bien dices, lastima. Un abrazo

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