Archivos Mensuales: enero 2013

Tierra: los elementos

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Tierra que me acoges en tierno abrazo.
Tierra que recoges mis despojos
cuando ya no existo más que en el recuerdo
de quienes me conocieron.
Allí donde se levanta una cima,
allí donde piso, si no asfalto,
estás para recoger mi pisada
éterea en el tiempo
y firme en mi mente.
De ti nace la vida,
madre de todo lo hermoso,
en ti recoges a toda la maravillosa Naturaleza.
Es un ciclo que no tiene fin
acaso en peligro por la acción del cruel hombre
que te intenta doblegar.
Pero tú, siempre eterna,
eres grandiosa, vivaz,
y luchadora.
Porque la madre pare todo lo que
el mundo necesita para alimentarse,
refugiarse y sorprenderse de algún extraño fenómeno:
la sensación de que estás siempre presente y viva latente.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 25 de enero de 2013.

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Fuego: los elementos

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Y el tiempo se forjó con fuego.
La materia emergió de un golpe de energía.
La llama titilaba mientras yo la veía en su vela.
Y al calor del hogar guisaba la abuela
y me acurrucaba para entrar en calor.
Los cuerpos sudaban y
los bosques se quemaban
al ritmo de una sinfonía alocada;
cual Ave Fénix renacerían
si los plantaran.
El pebetero ardió allá en el Olimpo
y los deportistas,
si no griegos de otro tiempo
la portaban con audacia hasta su morada.
Y al principio de los tiempos, el hombre
descubrió uno de los elementos
y su mundo ya no volvió a ser el mismo.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 22 de enero de 2013.

Un diario cotidiano

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Leyendo el diario cotidiano de mi vida leí pensamientos rebeldes y otros creativos, actitudes calmadas y nerviosas, tensiones altas y sueños, muchas ilusiones. Cada mañana intento leer el periódico, aunque sea echándole un vistazo rápido, para ver cómo va el mundo. No es que el mundo me haya tratado bien, pero aún así me importa lo que le ocurra porque me importan las personas y La Tierra. Últimamente no leo más que cosas tristes entre noticias más dulces que intentan hacernos ver la realidad de que todo no es oscuro y que hay fiestas como los Carnavales que se acercan. Mientras tanto las paredes de nuestra casa se desmoronan y sigo viendo dramas en la televisión, entre visiones esperpénticas del cotilleo con ciertos programas que anestesian a la opinión pública con su circo. Y a la vez, no puedo decir que la vida no continúe pues nos seguimos moviendo al son del ritmo de nuestros corazones, al ritmo del compás del trabajo y al ritmo cardiaco de la salud. La vida sigue floreciendo y el mundo sigue girando y no se para, pese a los despropósitos, las crisis, y las pérdidas, todos seguimos en un barco que no sabemos a dónde nos llevará, si a la deriva o bien a un futuro que nadie puede predecir, ni el más acertado oráculo.

                Mientras desayuno por las mañanas, con bastante más sueño que ganas, me digo: “Tengo que seguir luchando, levantándome e insistir, que algo saldrá de todo esto”. Desde siempre he sabido que tenía que luchar más de lo normal, pues para mí la vida ha sido una lucha constante, salvando obstáculo tras obstáculo y llegada a cierta edad veo las cosas en comparación con gente más joven con otra perspectiva y aún así también me siento incomprendida a veces por los mayores o los de mi edad, porque tengo la conciencia de ser un bicho raro entre gente que a veces no comprendo. La naturaleza humana a veces es una gran contradicción, inconstante en los afectos, acertada o desacertada en las decisiones y tremendamente tozuda a veces. Pero he aprendido que la tenacidad es la clave del éxito a  veces, que el espíritu de lucha nunca se debe de perder y que la paciencia es una virtud que a veces también se agota pero que debemos cultivar, aunque solo sea por conveniencia en ocasiones.

                Mientras charlo con mis amigos y compañeros siento que formo parte de la manada, un grupo heterogéneo de gentes que aportan mucho a mi vida y que he cultivado con los años; algunos han quedado atrás y otros simplemente permanecen, otros vienen nuevos y renuevan las antiguas relaciones y los viejos conceptos y trastocan mi mundo con maravillosas nuevas aventuras. Pero en el fondo el ser humano está inmensamente solo ante la realidad y a la hora de la verdad aunque con compañía debes saber que te tienes a ti mismo y tienes que cuidarte y amarte como a los demás. Es sencillo, no debería ser simplemente un toma y daca, sino un “hola. Bienvenido. Eres bien recibido en mi vida”, aunque si bien es cierto que con los años te vuelves más selectivo, abrir la mente puede ser un buen principio para vivir la vida más plenamente acogiendo en tu seno vital a personas diversas que aportan cada uno su granito de arena; unos por su madurez y tus mismos intereses y otros porque siempre de todo el mundo se puede aprender algo nuevo y porque comparten contigo un trocito de sus vidas y corazones, incluso de las malas experiencias aprendemos algo, no dejan de ser vivencias todas ellas. Mi mundo es más rico desde que me relaciono con gente pero también más complejo, como lo son las relaciones humanas. La diferencia de unos años a esta parte es que ahora comparto más de mí, aporto más de mi persona y antes me reservaba mi mundo interior solo para mí, y aunque la timidez extrema sigue estando ahí, con los años he aprendido a abrir las flores de mis palabras a los demás porque a través de ellas me comunico con el corazón.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 11 de enero de 2013.