Retratos

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Retratos

Un día decidí hacer un retrato. No tenía pinturas, ni lápices de colores, ni siquiera una pluma. La tinta había desaparecido, pero en la Era de la Tecnología, quedaba el ordenador. Esa herramienta multiusos que tan útil ha sido durante tanto tiempo, nos acompaña desde hace unas décadas y nos ha hecho evolucionar hasta en la forma de relacionarnos. Pero no era eso lo que tenía que tratar en este texto. Retratos lo llamaré, pero en el fondo debería decir, que no sé a quién retratar: a la persona tierna y sensible y llena de amor con la que me encuentro frente al espejo todos los días, a la persona que a veces es frágil y se quiebra, o la que es fuerte y resiste todas las tempestades desde hace muchos años de madurez. O aquella que lleva creciendo en progresión aritmética ascendente, la que camina siempre adelante, la que me lleva de la mano, la que duda y siente orgullo a la vez de lo que es. Todas ellas serían mi autorretrato. Pero, ¿y si quisiera retratar a mis compañeros de viaje? Aquellos que me acompañan en el tormento, en las alegrías, en las penas, en la diversión; aquellos que me abren los ojos cuando ciega voy por el mundo, aquellos que nunca me abandonan si enferma estoy, aquellos que me dan amor y consiguen enfadarme día sí o día no.

Quise usar el Corel y el Photoshop y diseñar edificios con el Autocad, porque todo lo que dibujaría y transformaría tendría imágenes de mis recuerdos, de mi vida. Retratar una vida, retratar a una persona y captar su esencia no se puede restringir solo a una mera foto, más o menos acertada, con sus juegos de luces, sus contrastes, el uso acertado del color, un buen peinado, una vestimenta acorde al estatus y modas presentes. Si queremos profundizar en el conocimiento de una persona hay que hacer un análisis psicológico con nuestros “pinceles” y es a aquellos, en cuyas obras leo en los ojos del retratado un ser, una personalidad propia, a los que llamo artistas; y, sin embargo, aunque la imagen tiene el gran poder de convocatoria que le concede lo inmediato, el guiño de complicidad de lo visual, en un mundo donde no hay otra cosa para medir a las personas, es la Literatura la que mejor sabe ahondar en los motivos, inquietudes, personalidades y entresijos de una buena historia. Es la poesía la que refleja la emoción, el sentimiento que fluye tras cada verso y que retrata mejor a la persona que lo escribe, al poeta. Respetando la maestría de todo buen artista, parto una lanza a favor de la palabra escrita como vehículo de comunicación, tan denostada hoy en día. Y aunque este es mi medio actual, yo empecé con tinta y papel, con lápices, pero los tiempos corren y cambian, y tenemos que cambiar con ellos. Y hoy se imponen las redes sociales, los blogs personales, para reflejar inquietudes personales, gustos y aficiones e intereses. Ese es el motivo de por qué escribo en mi blog, porque, ante todo, lo hago con gusto y satisfacción, lo hago en mi espacio propio y personal y disfruto compartiéndolo con amigos y conocidos. Hoy día, ya casi es una necesidad, como siempre lo ha sido para el hombre comunicarse, y la tecnología ha puesto en nuestras manos grandes medios, vehículos del que algunos no sacamos ningún provecho, más que sentirnos bien con lo que hacemos. Podría decirse que en este blog hago mis retratos del mundo que conozco, de quién mejor conozco, y de otras realidades, más o menos fantasiosas y otras más bien científicas que me gusta compartir con ustedes, queridos lectores.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 27 de noviembre de 2012.

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