Archivos Mensuales: octubre 2012

Breves apuntes sobre las crisis europeas: siglos XVII y XXI

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COMPARACIÓN ENTRE LAS CRISIS DEL SIGLO XVII Y LA DEL SIGLO XXI: BREVES APUNTES           

 

En estos tiempos de crisis recurrir a las fuentes históricas y al pasado para explicar qué momento estamos atravesando y si se ha repetido otras veces es fundamental para establecer una serie de puntos de comparación que nos permita entender que las crisis económicas son una cuestión cíclica que ocurre coyunturalmente o estructuralmente. Coyuntural porque puede ser algo temporal, y periódico, de un momento puntual, y estructural, porque puede ser algo más profundo y grave, que afecte a toda su estructura y todo el sistema. Algunos añaden una crisis sistemática, que tiene que ver con las crisis hipotecarias. Hoy escuché a alguien hablar de que las crisis son episodios de la Historia y que cada vez que superamos una, al igual que las crisis personales añado, salimos reforzados. Esta idea también implica que puede que se produzcan cambios. Ante un movimiento artístico o ante una moda, la siguiente época o generación reacciona en sentido contrario, así pues el cambio está presente en toda la Historia de la Humanidad de una forma constante. Ya sea por el fin de un sistema económico y financiero, como ocurrió al pasar del sistema mercantilista al actual capitalismo o bien de pasar del Renacimiento al Barroco o bien sea cambiar de estilos y aborrecer los de décadas anteriores por ser exagerados u horteras. Es frívolo comparar la economía con estas cuestiones, pero intento explicar que los cambios están presentes tanto en la Historia en general como en nuestras vidas personales o cotidianas de muchas maneras.

Todo esto no deja de recordarme una época que los historiadores conocemos bien, por ser crítica en parte de Europa, especialmente en España, y afectar a todos los aspectos sociales, demográficos, económicos y culturales. El siglo XVII es conocido como el siglo de la decadencia. Fue una época de hambres, sequías y malas cosechas y guerras, que afectó a la subsistencia de una sociedad basada en la agricultura y ganadería de manera determinante. Obviamente, esto afectó a la población y su crecimiento demográfico. En el caso de la crisis actual, la emigración es la característica más evidente, ya sea procedente de países de llamado Tercer Mundo como de movimientos migratorios en la propia Europa o hacia otras partes del mundo. Una de las notas más importantes que afectó a la economía del siglo XVII fue la enorme presión fiscal sobre los agricultores, que ante la baja de mano de obra, el descenso de la demanda y la población, era un peso enorme para las economías de subsistencias de la época, hablamos del caso de Castilla especialmente, a cuyo reino pertenecía Canarias. La falta de competitividad artesanal por los elevados precios, es decir, una elevada inflación, al igual que sucede con la crisis actual, hizo que el sector retrocediera y la inversión en industria, por circunstancias sociales y culturales, fuera menor. En un sistema económico mercantilista, donde el valor de la moneda se basaba en el oro y plata, al contrario que el sistema capitalista que se basa en el capital, el aumento y emisión de moneda de vellón, es decir, moneda depreciada con cobre, para paliar la falta de financiación del Estado, hizo que la tendencia general de los que poseían oro y plata fuera atesorar moneda y no dejarla circular, con lo cual la economía no tenía movimientos, como ocurre actualmente, pues las inversiones son mínimas. Este siglo significó la pérdida de hegemonía en Europa de España.

En toda Europa fue una crisis clave y revolucionaria que para algunos historiadores como Maurice Dobb fue como el momento clave en la transición del feudalismo al capitalismo, puesto que los países que salen reforzados de ella (fundamentalmente Inglaterra) se encaminan al proceso que comienza con la Revolución burguesa y que en el siglo XVIII les llevará a la Revolución industrial; mientras que los países que salen en peores condiciones de ella (fundamentalmente España o lo que más precisamente podríamos llamar la Monarquía Católica de los Habsburgo) pierden la posición de centralidad que hasta entonces habían tenido en la Civilización Occidental. Se forjan las naciones europeas tal como las conoceremos más tarde  y algunas salen reforzadas.

En Canarias los préstamos a interés van a aumentar la deuda de los ciudadanos y los bienes inmobiliarios de los pudientes, siendo acuciante la cifra tan elevada que de estas deudas hallamos en general en la economía del archipiélago y en la economía eclesiástica. Según Pedro Quintana Andrés, si bien el crédito supuso, junto a las adquisiciones, una de las principales formas de acumulación de propiedades a mitad del siglo  por los grandes propietarios y las instituciones, a causa de las grandes cargas que se iban acumulando sobre los bienes hipotecados imposibles de devolver por los censatarios, la inversión se desvió hacia otros tipos de financiación. Así, el préstamo a interés durante la centuria estudiada significó un control indirecto por parte del grupo privilegiado de una buena porción de las propiedades libres, que en etapas de crisis, podían quedar en manos de los censualistas con un costo inferior al del mercado libre. Este hecho supuso un artificio válido para la extracción de excedentes monetarios, por la alta rentabilidad de la inversión, pero también significó una rémora en el desarrollo de las entradas de capitales de los censatarios, determinando un aumento de las quiebras económicas en los momentos de recesión[1]. Podemos concluir en que la sociedad del siglo XVII estaba altamente endeudada a través de censos consignativos, o lo que es lo mismo, algo parecido a las actuales hipotecas. Podemos reseñar el caso de las parroquias de Gran Canaria, pues uno de sus principales ingresos eran los censos que recibían de determinados fieles y aparecen en las cuentas de las Visitas de Fábrica del siglo XVII[2]. La crisis actual ha sido generada por el gran número de hipotecas basura, conocidas como subprime, que ha endeudado a la población americana y, sobre todo, europea desde el verano de 2006 y se evidencia con una crisis bursátil al año siguiente. Generalmente, se considera el detonante de la crisis financiera de 2008, la crisis económica y la burbuja inmobiliaria española. Dada la globalización existente y que la deuda puede ser vendida y transaccionada, la crisis ha llegado a ser mundial. Al igual que en el siglo XVII existió una gran actividad especulativa, especialmente con los bienes inmobiliarios. En ambas épocas se invierte para conseguir rentas en bienes inmuebles y hay un escape financiero hacia ese tipo de inversiones. En ambos casos, los Estados adoptaron políticas altamente intervencionistas y en el caso del mercantilismo también proteccionistas. Los Estados se hallaban y hallan sin financiación y sin inversión de capitales que se derivan hacia otros lugares o se atesoran, pues esta crisis provoca retención del capital y una mayor política de ahorro. La encrucijada actual ya la podíamos ver en el siglo XVII, como especifiqué arriba. Ahora solo nos queda que las piedras nos florezcan, como ya dije en uno de mis textos.

 

En Las Palmas de Gran Canaria, a 31 de octubre de 2012.


[1] QUINTANA ANDRÉS, Pedro C., “El préstamo a interés y la hipoteca de bienes urbanos en Gran Canaria en el siglo XVII”, Vegueta, nº 3, 1997-1998 (101-116)

[2] Véase estudios de Auxiliadora Rodríguez Suárez.

Un sueño de futuro

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Una noche soñé que era yo, pero no me reconocí. Era una mujer madura, de unos cincuenta años, delgada, atlética incluso, en buena forma, bronceada y con el cabello tintado por el sol. Estaba sola en el mundo, pero no me sentía mal. Todo había desaparecido: la gente, las carreteras, los edificios derruidos.  No sé qué había ocurrido, pero me sentía por fin en mucho tiempo en paz conmigo misma, en plenitud, tranquila, feliz, sana, fuerte y segura. Tres niños me acompañaban: una adolescente que identifiqué como Ana y que estaba bajo mi protección y dos niños, rubios todos y bronceados por el sol. Los niños eran hermanos de distintas edades, uno muy pequeño, menos Ana, que era como mi ahijada. Eran felices. Les enseñaba a sobrevivir, con lo poco que teníamos; a pescar entre las rocas, en un mar hermoso y con una luz radiante de verano. Luego caminé hasta su casa, donde habíamos vivido, y sólo pude pensar: ¡Qué bien nos hubiera venido poder contar con alguien tan práctico como él ahora! Sentí pena, pero no dolor y ese recuerdo me sobrecogió, pero me desperté en paz. Como si por fin hubiera alcanzado la armonía en mi vida. Era un nuevo mundo y no me sentía sola.

 

En Las Palmas de Gran Canaria, a 5 de marzo de 2012.

La hora

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Ya es la hora.

¡Ya era hora!, me dije un día.

Por fin lo había conseguido.

Por fin, libre.

 

Luego desperté y el mundo era un caos,

alrededor se desmoronaba el Viejo Mundo.

Una nueva realidad estaba gestándose.

Y yo seguía igual,

pero me seguía diciendo,

ya es la hora.

 

El cambio es necesario.

El mundo debe cambiar

y, sin embargo, en vez de avanzar,

íbamos hacia atrás.

 

Como los cangrejos,

retrocedemos ante la adversidad

y el mundo que se gesta no es otra realidad,

es un viejo tiempo traído de más,

que sobra y no tiene cabida en este milenio.

 

Ya es hora de avanzar,

no de cambiar para mal.

Y en grupo se escucha un conjunto de voces al unísono:

¡Ya está bien, ya el gorro está lleno y no cabe nada más!

 

En Las Palmas de Gran Canaria, a 26 de octubre de 2012.

Amores no encontrados y siestas sin dormir

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Amores no encontrados y siestas sin dormir

 

Si no duermo es porque no puedo.

Si no descanso es que pienso demasiado.

¿Y si mi pensamiento fuera el tuyo?

¿Y si solo pensara en ti?

¿Qué me dirías, si mi siesta es pensarte?

 

Si este mediodía me ves con los ojos cerrados,

puede que mi mundo me traslade hasta donde estás tú.

Entonces, mi siesta eres tú, mi descanso y relax reparador es soñarte.

Y cuando te sueño, te encuentro, y cuando te encuentro soy feliz.

 

Por eso, mi nuevo propósito es tener todas las siestas posibles,

porque imitando a Bécquer, siesta eres tú.

 

En Las Palmas de Gran Canaria, a 18 de octubre de 2012.

Llueve… pero dentro

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Llueve… pero dentro

 

Llueve, llueve, pero dentro.

Hay tormenta fuera,

pero yo camino bajo la lluvia,

y su agua me inunda y casi me ahoga,

pero nunca, nunca me derrota.

 

Sigue lloviendo, dentro de mí,

y la lágrima aflora a los ojos del alma,

pero nunca deja de brotar el verdor de la planta,

que crece dentro de un alma

como retoño nuevo de mi mañana.

 

Ascampa, y el retoño crece día a día,

lágrima a lágrima,

tormenta tras tormenta,

porque la cuesta de la vida es empinada,

escarpada como la más alta montaña,

pero en el camino hay paradas,

respiras, descansas, hay fallos en la escala,

pero cuando llegas a la cima,

el gozo me embarga

porque una meta más ha sido lograda.

 

En Las Palmas de Gran Canaria, a 2 de octubre de 2012.