El regalo de La Luna

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El regalo de La Luna

 

La Luna fue un regalo que me hizo mi padre para hacerme compañía. Solita estaba frente a mi ardoroso padre, cuando ella apareció, de semblante frío y piel granulada. Gris y plateada, me pareció que era un tesoro y muy cerquita quise guardarla. A mi alrededor siempre andaba, la jodía no se me despegaba. Parecía mi hermana pequeña, que una madre muy lejana había hecho llegar hasta mí ese día de hace muchos años, no recuerdo ya cuántos. Tanto me quería que en todos influía con su cariño, acercándose y alejándose como la marea de una playa, o bien alterando a los locuelos que con ella se adormilaban. Noche fría, día soleado, y llena de luz nocturna la veía crecer y decrecer cada temporada. Ay, mi niña, linda estrella sin estela, que por la gravedad de mis ideas quedaste atrapada. Sueñan contigo los hombres que un día tu suelo pisaran dejando su huella allí marcada.

            Y como me encanta rimar las cosas, aquí tienes ejemplo de lo que La Luna para mí significaba, tan bien mirada en esta noche oscura donde no duermo sino despierta estaba.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 16 de agosto de 2012.

 

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