A Las Canteras

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Enamorada de la playa de Las Canteras, horadó su mar mi orilla, cosquilleando en mi ser el amor más infinito por su arena dorada. Nos juntamos una noche de San Juan, festejando el encuentro con sonrisas, con fuegos en el cielo que dibujaban graciosas y brillantes formas, cual estrellas, y muy buena compañía. Me bañé en sus aguas, frescas y saladas, y sentí de nuevo en mí la juventud y la ternura de mi niñez, cuando a ella acudía para jugar con castillos, piscinas que escarbaba hábilmente con una pala o con mis pequeños dedos, disfrutando de sus paseos por la orilla y dejando mi huella marcada, que creía que sería eterna, al menos en mi recuerdo, como las pisadas de los primeros hombres de Gran Canaria. Seguí buscando la playa cuando me marché, y allí a donde fui, Las Canteras y Gran Canaria nunca olvidé, pues, tras ese viaje a recónditos lugares, la playa sería mi refugio una vez más en la memoria de una infancia feliz.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 4 de agosto de 2012.

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