Canarias y su historia: a caballo entre el mito y la realidad

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CANARIAS Y SU HISTORIA: A CABALLO ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

 

Auxiliadora Rodríguez Suárez 

Canarias es un archipiélago que desde que se formó ha tenido Vida. Pero, una vida particular. Como todo entorno isleño aislado, ha estado dotada de singularidades que la hacen única, en su flora, en su fauna y en su poblamiento y devenir histórico.

            Su origen, aún lo están debatiendo los científicos, pero, en sí, Canarias ha sido motivo de mitos y leyendas desde antiguo. Allá por la época de esplendor de los griegos, que no digo la actual, se creyó que existieron unas islas donde se encontraban las manzanas de oro que Hércules debía conseguir en uno de sus muchos trabajos para los dioses, además de otras fortunas, que por eso fueron llamadas las Islas Afortunadas; nombre atribuído no sé por quién a este paradisíaco entorno. También creyeron situar la famosa Atlántida, que mencionaba Platón en alguna de sus obras, en este espacio, y las Islas Canarias serían el resultado de lo que quedó tras su hundimiento. Lo cierto es que, es posible que los griegos las conocieran porque viajaran más allá de las Columnas de Hércules, es decir, en Gibraltar, y, también que lo hicieran los púnicos o cartagineses, los romanos después, dado que han quedado algunos vestigios de su estancia en alguna de nuestras islas. Del poblamiento de Canarias, que aún siguen siendo meras hipótesis más o menos demostrables, algo nos queda claro: los primeros pobladores son de origen bereber y procedían del norte de África. La cuestión es si vinieron solos, si los trajeron, quién, ¿serían los romanos y la famosa leyenda de los lenguas cortadas? -se preguntan algunos-. En fin, Canarias en su origen, tanto geológico como histórico, sigue siendo un misterio. Siendo islas volcánicas que emergieran del fondo del mar o se desprendieran del continente africano, sea cual sea su pasado, por ello no debemos dejar de intentar desentrañar sus orígenes, su historia, el devenir de tantos siglos de poblamiento, primero prehispánico y luego castellano-español.

            Durante la primera etapa, las islas eran entidades autónomas en poblamiento y desarrollo. Cada una, era distinta en sus recursos, su aprovechamiento, incluso en su lengua, aunque procedían de un sustrato humano común demostrado a través de ciertas manifestaciones prehistóricas de su cultura, que quizás llegó en distintas oleadas migratorias. No se sabe exactamente el momento, aún queda mucho por investigar, por excavar. Estaban solas en el inmenso Océano Atlántico y sólo nos queda una leyenda para recordar el contacto entre ellas: la leyenda de Gara y Jonay, que muchos conocerán, pero que les voy a recordar, dado que se les supone a los aborígenes que no conocían la navegación, o, al menos, no han quedado vestigios o testimonios de ello. La tradición oral relata que en un pueblo de la isla de La Gomera vivía una hermosa muchacha, Gara. Un día arribó a la isla Jonay, un tinerfeño guanche que cruzó el mar a bordo de dos pieles de cabra infladas. Jonay se enamoró de ella y la muchacha también lo amó. Sin embargo, los parientes de esta se oponían. Ambos jóvenes huyeron hacia el monte, pero se les persiguió. Los amantes subieron hasta el pico más alto de La Gomera, y al verse acorralados, tomaron un palo afilado por ambas puntas y, apoyándolo en sus pechos, se abrazaron y murieron atravesados. Desde entonces esa montaña de laurisilva se llama Garajonay, en recuerdo de los dos enamorados que prefirieron morir juntos a continuar su vida separados. Actualmente el lugar es un Parque Nacional, el Parque Nacional de Garajonay. Esta hermosa historia, testimonio de nuestro pasado, es comparable a la leyenda del árbol Garoé, que destilaba agua todo el año y aprovisionaba de agua dulce a la población de la isla de El Hierro y los bimbaches. Es otra de esas singularidades de nuestro pasado. Como casualidad, o quizá no lo sea, debemos mencionar la aparición del famoso drago canario en la obra de El Bosco, en su versión del Paraíso, que algún historiador del arte ha identificado con el Árbol de la Vida, tan renombrado en La Biblia. Me pregunto si por aquel entonces el autor imaginó aquel extraño árbol o lo conocía a través del contacto de los hermanos Vivaldi que dicen que llegaron de entre los primeros europeos a Lanzarote en el siglo XIII d. C., como demuestra algún mapa bien conocido.

            Si avanzamos en el tiempo, recordaremos que llegaron unos frailes franciscanos a poblar Gran Canaria, que en total eran trece y que acabaron con un triste final. Éstos enseñaron ciertas cosas a los canarios, pero también hubo muchos contactos con los mallorquines, que venían a comerciar y tratar con esclavos; muy apreciados en los mercados europeos por su fortaleza y carácter. Afortunadamente, tras la llegada de Jean de Bethéncourt a Lanzarote y las restantes islas menores y tras la conquista castellana de los Reyes Católicos, se acabó con esta aberrante costumbre y la población que surgió de todo esto fue una mezcla cosmopolita entre los europeos venidos de distintas partes de Europa, los peninsulares, tanto de Castilla como de Portugal y los aborígenes supervivientes. Fue entonces cuando Canarias se convirtió en un lugar de paso, enclave estratégico para la política expansionista del Imperio español en su ruta hacia América, pero también destacó por su importante comercio del azúcar, posteriormente –cuando éste se agotó- llegó el cultivo del vino, del delicioso malvasía mencionado por Shakespeare en una de sus importantes obras. Luego llegaría la cochinilla, aunque quizá la orchilla atrajo a los fenicios o púnicos en épocas anteriores para tintar sus trajes con un color especial y muy caro. Más tarde nos dedicamos a otro monocultivo como el tomate y sus conocidas zafras y almacenes donde trabajaron tantos canarios, e incluso, el plátano. Ambos persisten aún en nuestra economía, para llegar a la actualidad y, desde el siglo pasado, gracias a los inicios auspiciados por la colonia inglesa, las islas destacan por el turismo europeo. Este breve recorrido histórico por su devenir económico sólo es una muestra del esplendor de Canarias, sin entrar en detalles científicos. Sin embargo, las islas no sólo vivieron buenas épocas, pues también la población tuvo que emigrar desde antiguo, para «hacer -como dicen algunos- las Américas» y convertirse así en indianos a su vuelta. De ahí la famosa costumbre del Carnaval de La Palma, que hoy día se ha extendido a toda Canarias. Pero paremos en esta semblanza más profundamente en algunos hitos importantes.

            ¿Qué pasó en Canarias durante los siglos posteriores a la conquista? La respuesta es bien sencilla: Canarias pasó de un estadio prehistórico a entrar en la órbita europea y en sus planes a lo largo de la Historia. Se convirtió en una región cosmopolita, con su primer centro administrativo en Gran Canaria, para luego pasar a la división provincial. Llegaron las regiones especiales. Primero, los Puertos Francos, que tanto nos beneficiaron, y, luego, la zona ZEC, y es que Canarias, siempre ha sido singular y su situación especial, algo que debemos defender y resaltar. Para ello, pasó por ataques corsarios y europeos, en la pugna entre los berberiscos del Norte de África, los demás imperios europeos y sus expansiones territoriales en su lucha contra «El reino donde nunca se ponía el Sol» de Felipe II. Recordamos el ataque corsario holandés de Pieter Van der Doez en 1599, el intento del pirata inglés Francis Drake, Nelson que perdió un brazo en su batalla contra Tenerife, e incluso, Hitler tuvo un plan para invadir las islas, y, de todas, la población se defendió con coraje y consiguió salvar el territorio que ahora poblamos. No vamos a especular sobre qué hubiera ocurrido si hubieran pasado cosas diferentes o si los ataques hubieran triunfado. Pero, lo cierto es que, Canarias siempre ha sido un lugar geoestratégico a lo largo de la historia, mermada en su población y sus riquezas, sin embargo, siempre ha ido saliendo adelante frente a las adversidades que le generaba una economía de subsistencia basada en la agricultura, y por la influencia del exterior y sus importantes puertos. Y, actualmente, por la llegada del turismo.

Ante la crisis actual, no debemos olvidarnos de que Canarias no sólo la constituyen ocho islas en el océano Atlántico, sino un conjunto de mitos, historias y diversidades que nos hacen ser lo que somos actualmente, el pueblo canario. Y, recordando lo que me ha dicho hoy una anciana muy dulce, hay un antiguo dicho popular lleno de buenos deseos. Aquí lo recojo para que no se pierda y nos dé suerte a todos: «Que las piedras nos florezcan».

 

            En Las Palmas de Gran Canaria, a 28 de julio de 2011.

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