Archivos Mensuales: julio 2012

A mi madre

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A mi madre

Madre es la Tierra, la que pare, la que da el alimento, la que da la vida. Mujer nació y como mujer vivió, a veces de forma autoritaria, otras cariñosa, siempre maestra, experta de vivencias que no te tocaron vivir sino desde otra perspectiva. Madre es también la que cría, la que ríe y llora contigo, la que enseña la picaresca de la vida, la que te aconseja, la que te escucha, la que te riñe, a veces a gritos y sin merecerlo y otras con toda la razón. Madre puede ser abuela y cría nietos como si sus hijos también fueran. Amante y esposa, mujer y compañera, me acompaña viajera de la vida por caminos nuevos por los que voy creciendo y caminando, aprendiendo y escarmentando. Siempre presente, aún en la ausencia más rigurosa, aún en el recuerdo, la madre se extraña, se sufre y se disfruta, como ella contigo lo hace también. De adolescente, cuando éramos difíciles nos aguantaba, nos orientaba, nos guiaba y nos llevaba de la mano para que no nos torciéramos en el camino, derechos a un futuro incierto, que ella pintaba de colores bonitos, con flores y sonrisas, esperando recoger en Primavera sedosos pétalos en frescos y verdes tallos y en Verano la fruta más jugosa. Inviernos solitarios, donde madre te abrigaba para que no te acatarraras, siempre curando pupitas y dolencias diversas, acompañándote en tu cabecera en tiempos difíciles con paciencia y amor. Pero, Madre es perenne, como el árbol que da la vida, como la simiente. Madre se va pero siempre vuelve a mi memoria. La Madre es Amor en puro estado, o eso entiendo yo, porque sólo hay una que yo conozca y por la que tenga devoción.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 31 de julio de 2012.

Madre e Hija

Al trovador de palabras

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Queridos internautas,

 

mi agradecimiento a través de las letras a todos esos escritores que me inspiraron con sus lecturas, que me enseñaron con sus talleres, que me dieron ilusión de nuevo por escribir:

 

Al trovador de palabras

Homenaje a los escritores

 

Tú, que con tus palabras rimadas, llenabas de belleza cada estancia.

Juglar y trovador contemporáneo hilas cada frase para hacer de la vida una balada.

Con tintes cómicos a veces, con dramatismo otras, con amor y desamor muchas, como la vida misma.

Tú que escribes, no con pluma como antaño, sino con el iphone, el ipad, o el ordenador en tu casa y tu trabajo. Para ti ya es un trabajo escribir, trovar letras, palabras, frases, párrafos, que todas juntas componen una oda a la belleza, a miles de vidas, a miles de personajes, a miles de anécdotas no antes contadas o sólo recordadas de memoria.

La cadencia de tus verbos se balancea como la sinuosa ola sobre un mar de páginas ondulantes, blancas como la espuma de un mar de ideas.

A ti, escritor, trovador de las palabras, que en un día como hoy te conocí, y llenaste mi imaginación de imágenes, de escenas, de historias que me relajan, me inquietan o me enaltecen si bellas son. A ti te dedico estas humildes palabras inspiradas por tu genio, tu sencillez y tu ejemplo.

 

En Las Palmas de Gran Canaria, a 10 de abril de 2012.

 

Trovadores medievales

Evocación de Barranco Hondo y el Risco Caído

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Nunca supe por qué, pero allí impávido se mostraba el Risco; de mirada pétrea, se dejaba ver de refilón desde mi cueva, y, sabedora de que muchos años habían pasado desde los que primero la habitaron, atravesé el barranco más hondo para escalar hasta allá arriba, cual vuelo de guirre.  Por peligrosos senderos anduve en buena compañía, que yo diría que me salvó la vida por si precipitarme al vacío hubiera sido posible, tal mareo, tal mala pisada, y la gravedad y el vacío me hubieran esperado en su garganta. Jalonado por cuevas hechas por los antiguos, y por los nuevos habitantes de ese paraje, se hallaba en lo alto ese patrimonio de la humanidad, en palabras de un local, que llegaría a ser el testimonio más importante de la antigüedad canaria, en todo el archipiélago si cabe. Relato todo esto desde el conocimiento y sin haber entrado en dicha cueva, hoy famosa por ser antiguo templo lleno de signos relacionados con el Sol y La Luna y con el hombre y la mujer y su relación.

                La leyenda dice que allí quedaron sepultados unos amantes maldecidos por una madre que les miraba con malos ojos, una noche que se ayuntaron en amoroso abrazo en las cuevas que después tomaron ese nombre: Risco caído, lo llaman. Con un palo y con filo de piedra dicen que horadaron los antiguos la cúpula de la citada cueva principal y un rayo de luz, tímido y vigoroso, entraba por su ventana, a determinadas horas de la mañana, otro agujero en la pared, elevado en la cúpula, incidiendo contra la mujer que dentro habitaba en forma geométrica. Vivieron y trabajaron sus campos y sus descendientes o sus nuevos ocupantes allí guardaron sitio, paja, animales o cereales de sus fértiles siembras.

                Su origen, de la colada del cercano Roque Nublo hace cuatro millones de años, nos informa del motivo y génesis de tan singular entorno rocoso y de la roca que tan hábilmente han labrado los hombres que sus casas construyeron desde lo antiguo y del siglo pasado en esas tierras hondas del barranco. Trogloditas los llaman, o cuevas canarias, en documentación tras la conquista, son las moradas de los habitantes de este viejo territorio, hoy seco por la acción del asfixiante Sol y ayer verde y floreciente región rural, rica en regadío, huertas, higueras, limoneros, cirueleros, algún matorral silvestre (como sus ricas moras) y siembras en general de grano que alimentaban al campesinado en tiempos de rigor, pero también de hierbas tradicionales, propias o extrañas, que riegan sus laderas, y que vendían los naturales, o bien, usaban con fines medicinales. Su agua, estancada en presas modernas, de la época de aquél señor que duró tantos años, también corre por los manantiales naturales que van a dar a fuentes donde bebe el caminante o donde se aprovisionan algunos viajeros.

                Sus carreteras, curvilíneas como el cuerpo de una mujer, La Tierra, están destinadas a expertos caminantes de caminos reales, senderos, o conductores que bien conocen el lugar, y soy consciente de que llevan a rincones aislados, casas donde la vecindad son familiares y amigos que a voces y con vista de águila dominan el territorio y allí se comunican, y que tienen su eco en la ciudad y veranean o pasan el fin de semana en sus frescas moradas.

                Su aire y sus gentes, tranquilas, campechanas, acogen con hospitalidad al invitado, sea natural o de la ciudad. Por eso, puedo decir que el Barranco Hondo no se me irá de la memoria en mucho tiempo y su recuerdo me acompañará allí donde vaya, pues su serenidad y su calma quitan las penas del alma.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 30 de julio de 2012.

Risco caído y semblanzas de Artenara

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Juego con la rima lector, sin pretensión de hacer poesía sino honor a tan ilustre monumento y su alrededor. Espero que me perdones si no te gusta mi voz, pero ahora no tengo otra en la que entretener tu visión. Espera otros tiempos y otro escrito mejor si lo que buscas es otra cosa y no este verso rimado con primoroso ardor. A las entrañas de Gran Canaria me desplacé en busca de la tradición y encontré un verano sin igual y parangón, bello campo, bella flor, todo fue muy tranquilo  aunque de sinuosos caminos que con tino tuve que sortear yo, la que aquí te describe brevemente su paseo por el campo troglodita de mi isla.

De un risco cayó la piedra sepultando al amor que en ella se encierra.

Los convirtieron en vivienda para ver crecer a la tierra madre, adorando al Sol y a la Luna, se recrearon en sus señales.

Veredas de tierra, árboles y matorrales, casas de piedra excavadas en la montaña, seco, y verde ayer, daba frutos a todo el que los quisiera ver, alimentando a los magos canarios y a los antiguos también.

Distintos hablares, de campo los semblantes. Fríos en su interior, el hueco acoge nuestro calor.

Ansina y luego son su expresión, libre verbo del mismo sabor de antiguo que en mi memoria se quedó.

En el pueblo más alto de Gran Canaria, Artenara se llamó, vive todavía la tradición de nuestros abuelos y padres, que aún no acabó.

Y si toda esta rima no te gustó, en el mismo sitio tengo otras dedicadas a otra voz, cantada, hablada o escrita se me quedó.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 30 de julio de 2012.

Si la vida es sueño, déjame soñar unos instantes más

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Si la vida es sueño, déjame soñar unos instantes más.

Tarde en mi casa sueño despierta y me ilusiono de nuevo.

¿Amor, trabajo, salud, paz? Futuro.

Los deseos son muchos para el solitario corazón que descansa en este cuerpo.

La ducha de realidad me lleva a terrenos ignotos, a la expulsión de Adán y Eva, a la extinción, pues estamos en peligro, según dicen de los seres como yo.

Crítica situación, crítica visión que con mi caleidoscopio veo en distintas perspectivas.

Miro, pero no sé si seguir mirando. Busco pero solo encuentro incomprensión, temor, dolor, soledad, inquietud, silencio.

Se me hiela el alma de pensar en crisis, en mis crisis, en mis circunstancias y en las de los demás.

Y sin embargo, la vida continua, feliz para algunos, con nuevos acontecimientos y emociones.

Pese a todo, pienso en positivo, la vida continua. Es un continuo espacio-tiempo sin fin, quizá esa etapa se cerró, quizá se cerraron episodios de esta historia interminable, pero la esperanza me hace ver que un mañana distinto es posible. Solo el esfuerzo, la familia, los amigos, pero en definitiva, solo yo, nos ayudaran a salir de este bache. Si hay algo en lo que creo hoy es en que un futuro mejor es posible, si hay algo que sé es que soñar es libre y tengo claro que no será fácil, que no será un regalo, que no será un milagro, que todo llegara algún día, quién sabe por qué, cómo y con quién. Porque el futuro es incierto, pues es como el amor que se da en sobre cerrado y que lleva como nombre el nuestro, nosotros somos su destinatario y el remitente, quién, no lo sé, la tinta se borró o la escribieron con limón o con una letra dorada que solo los ojos del que tiene esperanza pueden ver. Porque hay batallas perdidas, pero guerras ganadas también aún con pérdidas, aún con años pasados, la vida es una continua lucha y yo nunca me rendiré, pues ya lo dijo Mario Benedetti: «No te rindas.»

En Las Palmas de Gran Canaria, a 23 de julio de 2012.

Retrato hecho por Claudio Vera Almeida

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RETRATO

            Me deslumbró su blanca piel y me quedé a mirarla de forma detenida, su pelo negro con destacadas ondulaciones, recogido detrás de su cabeza, permitía apreciar sus perfectas orejas adornadas con plumas, sus ojos negros arrullados por grandes pestañas, con brillo que delataba un espíritu inquieto guiado por una mente avispada, su boca de finos perfiles destilaba la ternura de una cara aniñada.

            Su cuerpo, de una altura femeninamente adecuada, marcaba las rotundas curvas de una Gioconda, vestida con sobriedad y feminidad, desechando la ostentación de joyas o piedras preciosas.

            De ella emanaba el aura que sólo expide una tranquila conciencia y la ternura que todo espíritu de niño añora.

 

A ti, persona sin nombre,

a la que me agrada describir,

esperando que al escucharme

evoques tu retrato.

 

Sin ofensa en mis maneras,

con el respeto y cariño,

volcando la admiración

de este el que relata.

 

Claudio Vera Almeida

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Retrato hecho por Jesús Vicente Naranjo Martín

Libertad de amar

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Libertad de amar

Es mi sino, libertino, el que me lleva a soñar contigo. Mi ausencia, tu ausencia es lo que nos lleva a echarnos de menos. Ay, mi niño, ayer fuiste amante, ahora sólo un amigo. Pediste libertad y me aferré a ti como si no hubiera otra persona en el mundo y, es que el destino me llevó a tus brazos una noche de invierno y libres fuimos de amarnos a raíz de que nos conocimos. Sí, es mi sino, tener mi celda pegada a la tuya o verte enfrente y no poder llegar a tocarte. Te anhelo, como cálido abrazo, caricia furtiva. Y pese a todo, te quiero, porque estoy convencida que contigo tenía que pasar y también dejar de pasar. Porque es mi sino.

En Las Palmas de Gran Canaria, a 9 de junio de 2012.

Serenity

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Serenity

 

Serenidad, calma, buen hacer me digo a menudo. Crecimiento, fortaleza, emoción, son cosas que me gustan y me complementan. Siempre me dije que ante todas las crisis personales uno debía crecerse, flaqueé pero no quise rendirme. No fue fácil, cometí miles de errores, pero aún sigo aquí, luchando. La vida es un concierto de música, a veces duro, a veces dulce o romántico, otras melódico, muchas veces seguimos el patrón clásico y otras seguimos los más modernos acordes contemporáneos. Las divergencias y las diferencias siempre he pensado que nos enriquecen y por eso yo me enfrento a ellas con serenidad, no con conformidad, está claro, porque aceptar lo diferente no significa que estemos de acuerdo con todo ni con todos, sino que lo toleramos, siempre dentro de unos límites de sentido común. Sin duda, un país se enriquece con lo diverso, con las mixturas, con la diversificación de recursos. Por supuesto, no somos langostas que sólo consumen y explotan un recurso y cuando se agota o nos morimos de hambre o nos vamos a otro sitio. Esto no funciona así, ¿o me equivoco? La langosta es una plaga que en Canarias aparece cíclicamente. Antiguamente, hace siglos, agotaba las cosechas y las arruinaba y eso condenaba a la población al hambre, a la carestía, si a eso le sumamos las sequías, peor aún, si a eso le sumamos una economía de subsistencia pues bonito panorama y en un país donde no existían derechos civiles, la vida podía ser sencilla, pero los desfavorecidos que eran la inmensa mayoría no privilegiada vivían escenas no muy distintas del Lazarillo de Tormes, tan conocido, o bien de picaresca típica del Siglo de Oro. Me pregunto si habremos cambiado mucho en ésto o no. La literatura en esa época era un eco claro de su sociedad, cuasirealista pese a ser ficción.

Todos intentamos sobrevivir, pero a qué precio a veces. Por eso mi nueva filosofía, no sé si zen o de otro tipo, es Serenity y como dicen aquí, al golpito, amigo, sin prisa pero sin pausa, siempre caminando hacia el futuro, para que las mañas no perdamos.

 

En Las Palmas de Gran Canaria, a 18 de julio de 2012.

 

 

Homenaje a mi tierra

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HOMENAJE A MI TIERRA

 

María de la Isla

 

 

Mirando a través del espejo de Canarias, una noche ví altas montañas, arboladas algunas, llanuras casi desérticas, extensas playas de cantos rodados y arenas doradas o negras, incluso dunas, donde en un ayer muy lejano hubo conchas y rocas. Seguí mirando y mis miradas me llevaron a encontrar paisajes insólitos en Lanzarote, donde ayer el volcán creó malpaíses ahora había casas y viñas. En Tenerife me encontré con el verdor de las cañadas del Teide y su insólita flora y la más alta montaña que nunca había visto en mi corta vida. Nevada estaba en su cumbre y escarpada era su subida y hace años me habían dicho que las sandalias derretía. Seguí mi viaje, y llegué a Fuerteventura, donde todo eran llanuras de tierra y arena, extensas, bellas y solitarias playas y un mar hermoso desafiaba mi vista con su azul intenso. En La Graciosa, encontré un espacio protegido. Mareaba el barco que me llevaba y era linda y pintoresca, aunque pequeña. El capitán del barco me llevó entonces a La Palma, que verde como era, aún estaba triste por los incendios, pero seguía siendo la majestuosa obra del bosque ancestral y tan bonitas sus casas con balcones llenos de encanto. Si La Gomera pudiera hablar lo haría con su característico silbo y me susurraría a través de las montañas las bellas endechas de El Hierro, cuasi tristes pero muy nuestras. Pequeñas -me dije-, pero es mi tierra. Y aún así, creí incluso viajar a San Borondón, o San Brandán en su origen medieval, pero creo que seguía soñando, pues su recuerdo es muy vago y no dejaba de moverme en un vaivén sostenido casi con ritmo musical.

            No había orden en este viaje soñado. Los espacios se superponían y tan pronto terminé de viajar me encontré de nuevo en Gran Canaria, mi tierra. ¿Qué podría decir de la que dió origen al nombre de estas islas afortunadas? En ella está Vegueta, la muy querida nueva madre de esta isla, palmar en su origen.  Es isla montuosa y de medianías y costas, de microclimas y contrastes diversos; en su origen -como todas- laurisilva y fauna autóctona. Pensé que me acogía de niña, luego de mayor me llevó a tener grandes alegrías y espero que cobije mis últimos momentos de esta vida. En todas ellas había vestigios de un pasado prehistórico: con una cueva pintada, con momias, con cuevas y graneros, con casas hondas, con enterramientos en malpaíses, en túmulos o en cuevas.

            Una noche, soñando, me trasladé a mis islas, a mi tierra mítica, llena de turistas, de nativos, de amigos y familia. Pensé en andar por estos caminos, pero mis pies estaban cansados. Pensé ser peregrino, pero necesitaba un barco, y entonces quise ser capitán de mi velero para moverme libremente entre ellas y atracar en sus puertos, tan transitados. El barco me llevaría incluso si quería a la otra orilla, a la octava isla como la llaman, donde ayer, hace mucho tiempo viajaban nuestros antepasados, emigrantes o navegantes obligados a parar en Canarias, como hizo Colón en su primer viaje. Sólo quedaba despertarme, poner los pies firmes en el suelo y decirme: «Sigo en mi tierra.»

 

            En Las Palmas de Gran Canaria, a 24 de julio de 2011.

Canarias y su historia: a caballo entre el mito y la realidad

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CANARIAS Y SU HISTORIA: A CABALLO ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

 

Auxiliadora Rodríguez Suárez 

Canarias es un archipiélago que desde que se formó ha tenido Vida. Pero, una vida particular. Como todo entorno isleño aislado, ha estado dotada de singularidades que la hacen única, en su flora, en su fauna y en su poblamiento y devenir histórico.

            Su origen, aún lo están debatiendo los científicos, pero, en sí, Canarias ha sido motivo de mitos y leyendas desde antiguo. Allá por la época de esplendor de los griegos, que no digo la actual, se creyó que existieron unas islas donde se encontraban las manzanas de oro que Hércules debía conseguir en uno de sus muchos trabajos para los dioses, además de otras fortunas, que por eso fueron llamadas las Islas Afortunadas; nombre atribuído no sé por quién a este paradisíaco entorno. También creyeron situar la famosa Atlántida, que mencionaba Platón en alguna de sus obras, en este espacio, y las Islas Canarias serían el resultado de lo que quedó tras su hundimiento. Lo cierto es que, es posible que los griegos las conocieran porque viajaran más allá de las Columnas de Hércules, es decir, en Gibraltar, y, también que lo hicieran los púnicos o cartagineses, los romanos después, dado que han quedado algunos vestigios de su estancia en alguna de nuestras islas. Del poblamiento de Canarias, que aún siguen siendo meras hipótesis más o menos demostrables, algo nos queda claro: los primeros pobladores son de origen bereber y procedían del norte de África. La cuestión es si vinieron solos, si los trajeron, quién, ¿serían los romanos y la famosa leyenda de los lenguas cortadas? -se preguntan algunos-. En fin, Canarias en su origen, tanto geológico como histórico, sigue siendo un misterio. Siendo islas volcánicas que emergieran del fondo del mar o se desprendieran del continente africano, sea cual sea su pasado, por ello no debemos dejar de intentar desentrañar sus orígenes, su historia, el devenir de tantos siglos de poblamiento, primero prehispánico y luego castellano-español.

            Durante la primera etapa, las islas eran entidades autónomas en poblamiento y desarrollo. Cada una, era distinta en sus recursos, su aprovechamiento, incluso en su lengua, aunque procedían de un sustrato humano común demostrado a través de ciertas manifestaciones prehistóricas de su cultura, que quizás llegó en distintas oleadas migratorias. No se sabe exactamente el momento, aún queda mucho por investigar, por excavar. Estaban solas en el inmenso Océano Atlántico y sólo nos queda una leyenda para recordar el contacto entre ellas: la leyenda de Gara y Jonay, que muchos conocerán, pero que les voy a recordar, dado que se les supone a los aborígenes que no conocían la navegación, o, al menos, no han quedado vestigios o testimonios de ello. La tradición oral relata que en un pueblo de la isla de La Gomera vivía una hermosa muchacha, Gara. Un día arribó a la isla Jonay, un tinerfeño guanche que cruzó el mar a bordo de dos pieles de cabra infladas. Jonay se enamoró de ella y la muchacha también lo amó. Sin embargo, los parientes de esta se oponían. Ambos jóvenes huyeron hacia el monte, pero se les persiguió. Los amantes subieron hasta el pico más alto de La Gomera, y al verse acorralados, tomaron un palo afilado por ambas puntas y, apoyándolo en sus pechos, se abrazaron y murieron atravesados. Desde entonces esa montaña de laurisilva se llama Garajonay, en recuerdo de los dos enamorados que prefirieron morir juntos a continuar su vida separados. Actualmente el lugar es un Parque Nacional, el Parque Nacional de Garajonay. Esta hermosa historia, testimonio de nuestro pasado, es comparable a la leyenda del árbol Garoé, que destilaba agua todo el año y aprovisionaba de agua dulce a la población de la isla de El Hierro y los bimbaches. Es otra de esas singularidades de nuestro pasado. Como casualidad, o quizá no lo sea, debemos mencionar la aparición del famoso drago canario en la obra de El Bosco, en su versión del Paraíso, que algún historiador del arte ha identificado con el Árbol de la Vida, tan renombrado en La Biblia. Me pregunto si por aquel entonces el autor imaginó aquel extraño árbol o lo conocía a través del contacto de los hermanos Vivaldi que dicen que llegaron de entre los primeros europeos a Lanzarote en el siglo XIII d. C., como demuestra algún mapa bien conocido.

            Si avanzamos en el tiempo, recordaremos que llegaron unos frailes franciscanos a poblar Gran Canaria, que en total eran trece y que acabaron con un triste final. Éstos enseñaron ciertas cosas a los canarios, pero también hubo muchos contactos con los mallorquines, que venían a comerciar y tratar con esclavos; muy apreciados en los mercados europeos por su fortaleza y carácter. Afortunadamente, tras la llegada de Jean de Bethéncourt a Lanzarote y las restantes islas menores y tras la conquista castellana de los Reyes Católicos, se acabó con esta aberrante costumbre y la población que surgió de todo esto fue una mezcla cosmopolita entre los europeos venidos de distintas partes de Europa, los peninsulares, tanto de Castilla como de Portugal y los aborígenes supervivientes. Fue entonces cuando Canarias se convirtió en un lugar de paso, enclave estratégico para la política expansionista del Imperio español en su ruta hacia América, pero también destacó por su importante comercio del azúcar, posteriormente –cuando éste se agotó- llegó el cultivo del vino, del delicioso malvasía mencionado por Shakespeare en una de sus importantes obras. Luego llegaría la cochinilla, aunque quizá la orchilla atrajo a los fenicios o púnicos en épocas anteriores para tintar sus trajes con un color especial y muy caro. Más tarde nos dedicamos a otro monocultivo como el tomate y sus conocidas zafras y almacenes donde trabajaron tantos canarios, e incluso, el plátano. Ambos persisten aún en nuestra economía, para llegar a la actualidad y, desde el siglo pasado, gracias a los inicios auspiciados por la colonia inglesa, las islas destacan por el turismo europeo. Este breve recorrido histórico por su devenir económico sólo es una muestra del esplendor de Canarias, sin entrar en detalles científicos. Sin embargo, las islas no sólo vivieron buenas épocas, pues también la población tuvo que emigrar desde antiguo, para «hacer -como dicen algunos- las Américas» y convertirse así en indianos a su vuelta. De ahí la famosa costumbre del Carnaval de La Palma, que hoy día se ha extendido a toda Canarias. Pero paremos en esta semblanza más profundamente en algunos hitos importantes.

            ¿Qué pasó en Canarias durante los siglos posteriores a la conquista? La respuesta es bien sencilla: Canarias pasó de un estadio prehistórico a entrar en la órbita europea y en sus planes a lo largo de la Historia. Se convirtió en una región cosmopolita, con su primer centro administrativo en Gran Canaria, para luego pasar a la división provincial. Llegaron las regiones especiales. Primero, los Puertos Francos, que tanto nos beneficiaron, y, luego, la zona ZEC, y es que Canarias, siempre ha sido singular y su situación especial, algo que debemos defender y resaltar. Para ello, pasó por ataques corsarios y europeos, en la pugna entre los berberiscos del Norte de África, los demás imperios europeos y sus expansiones territoriales en su lucha contra «El reino donde nunca se ponía el Sol» de Felipe II. Recordamos el ataque corsario holandés de Pieter Van der Doez en 1599, el intento del pirata inglés Francis Drake, Nelson que perdió un brazo en su batalla contra Tenerife, e incluso, Hitler tuvo un plan para invadir las islas, y, de todas, la población se defendió con coraje y consiguió salvar el territorio que ahora poblamos. No vamos a especular sobre qué hubiera ocurrido si hubieran pasado cosas diferentes o si los ataques hubieran triunfado. Pero, lo cierto es que, Canarias siempre ha sido un lugar geoestratégico a lo largo de la historia, mermada en su población y sus riquezas, sin embargo, siempre ha ido saliendo adelante frente a las adversidades que le generaba una economía de subsistencia basada en la agricultura, y por la influencia del exterior y sus importantes puertos. Y, actualmente, por la llegada del turismo.

Ante la crisis actual, no debemos olvidarnos de que Canarias no sólo la constituyen ocho islas en el océano Atlántico, sino un conjunto de mitos, historias y diversidades que nos hacen ser lo que somos actualmente, el pueblo canario. Y, recordando lo que me ha dicho hoy una anciana muy dulce, hay un antiguo dicho popular lleno de buenos deseos. Aquí lo recojo para que no se pierda y nos dé suerte a todos: «Que las piedras nos florezcan».

 

            En Las Palmas de Gran Canaria, a 28 de julio de 2011.